Testimonios

Engañado por los placeres que en este mundo  la bonanza económica puede dar, Joel empezó a escuchar la voz del Señor llamándolo a servir en la Iglesia.

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Joel, Miembro

En medio de la desesperanza que produce una vida de pecado, cansado de buscar en hobbys y los placeres que el mundo ofrece, tratando de llenar un espacio que solo puede ser llenado por el perdón y el amor de Dios, Eriks casi pierde su matrimonio, pero el Señor tenia otros planes para él a través de la noticia de que su primer hijo era autista, el cual lo lleva junto a su esposa a doblar sus rodillas,  reconocer su orgullo y comprender que el único grande, poderoso y capaz de perdonar, reconstruir y sanar una persona es Dios.

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Erick , Miembro

"Respondió Job a Jehová, y dijo:
2 Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. 3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. 4 Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás.  5 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven".

Me llamo Leydi,  salvada por gracia y sostenida bajo el poder de Su Espíritu Santo. Su amor y paciencia inagotable permitieron que un día su luz admirable comenzara a desvanecer las tinieblas que me estaban impidiendo ver a JESÚS, el autor de la vida y la razón de nuestra fe.

Mi historia comienza similar a la de muchos creyentes. Una amiga comenzó a hablarme de Cristo y de su palabra de una manera diferente a la que estaba acostumbrada. Por mucho tiempo estuvo insistiendo para que la acompañara a su iglesia, hasta que un día finalmente accedí. Estando en el templo, comencé a ver a las personas a mi alrededor adorando al Señor y sentí una gran inquietud, un profundo deseo por experimentar ese indescriptible deleite que parecía brotar de sus corazones y que se manifestaba en sus expresiones de gozo mientras rendían alabanzas y exaltaban el nombre de Jesús. Al final del servicio mientras el pastor dirigía la oración yo empecé a orar también, repitiendo esas palabras que a pesar de que no salían de mis labios sí expresaban el clamor de mi corazón.

De ahí en adelante comenzó un nuevo lenguaje, una manera de vestir distinta, comencé a dejar de lado hábitos y comportamientos pecaminosos, asumí mayor compromiso con la iglesia, asistía a seminarios, retiros, conferencias, todo lo que podía enriquecerme espiritualmente y fortalecer mi comunión con el Señor; en fin, viendo atrás, fueron muchos los cambios, indudablemente, estaba viviendo el pasaje de 1 Corintios 5:17 "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".

Así transcurrieron los años, envuelta ya en una rutina, sinceramente convencida de que mi condición espiritual estaba muy bien, hasta que Dios permitió que experimentara un tiempo de mucha dificultad, un cambio radical en todos los aspectos de lo que hasta ese momento había sido "mi aparente perfecta vida en Cristo". Esos cambios, esas circunstancias que me afligieron dolorosamente, fueron el medio que el Señor utilizó para mostrarme el estado tan miserable y deplorable en el que se encontraba mi corazón, y lo apartada que me encontraba de Jesús. Pude darme cuenta del abismo llamado "Religión" que sin proponérmelo construí y que me estaba impidiendo relacionarme íntimamente con mi Salvador; sin duda alguna había olvidado mi primer amor, ese amor que hizo a María dejarlo todo para escoger la mejor parte, rendirse a sus pies y oír su palabra (Lucas 10:39). Estaba tan distraída, ocupada, viviendo bajo mi propia justicia, que me encontré en la posición de Marta, afanada con muchas cosas, olvidando que solo una es necesaria, se llama JESÚS.

Aprendí que el sufrimiento, el quebrantamiento, las aflicciones son necesarios; destruyen los ídolos que se levantan tan fácilmente y se apropian sutilmente de nuestros corazones hasta apartarlos del Señor.

Cuando te veas atravesando momentos difíciles, recuerda que Cristo te ama, El está interesado en salvar y preservar tu alma, por lo tanto,  hará lo que sea necesario para que no se pierda, aunque nos duela.  La Escritura dice «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (Juan 12:24). Examina tu relación con el Señor todos los días, Cristo debe estar permeando no una parte, sino toda tu existencia, El debe ser tu camino, tu verdad y tu vida!.

Leydi Ovalles

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Leydi Ovalles, Miembro

Apasionada con Cristo y Su Palabra, con sueños de chica normal. Fue atrapada en la montaña rusa del matrimonio y la maternidad, re-definiendo el mandato de tomar su cruz y seguir a Cristo. Comprometida con ayudar a las chicas más jóvenes a entender el rol bíblico de la mujer. Con la ayuda del Espíritu Santo está mostrando que ser cuidadosa de su marido, casa e hijos es un regalo glorioso de Dios.  Esposa de su amado David Slemin y madre de dos niños muy determinados: Benjamín y Ada, de 4 y 1 año, respectivamente. Sus días son una mezcla de escuela en el hogar, amamantar, cocinar,  limpiar la casa y en todo mostrar a Cristo.

Licenciada en Educación Elemental por profesión, pero según su esposo tiene una maestría en amar al rechazado, perdonar lo imperdonable y creer lo increíble. Disfruta preparar remedios caseros para cuidar de su familia. Su misión es vivir una vida centrada en Cristo y compartir el evangelio con otras personas.

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Alejandra Cardoza , Miembro